Mujeres Silenciadas

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María Ximena Guzmán D´derleé, Sicóloga de la Universidad El Bosque y gerente IPS SanaMente. Foto:Llanoalmundo.com

Es increíble cómo han venido aumentando, día a día, las consultas de mujeres por diferentes enfermedades de salud mental, tales como: ansiedad, depresión, estrés postraumático, entre otras, pero aún más sorprendente como terapeuta darme cuenta que en la mayoría de los casos, la raíz de las situaciones que desencadenan estas sintomatologías es el maltrato, el cual se presenta en todo sus tipos: psicológico, emocional, físico y económico.

Entrar al alma de estas mujeres maltratadas se ha hecho cada vez más difícil, ya que la gran mayoría tienen un intenso sentimiento de culpa que les hace creer que merecen la vida que llevan o las situaciones que viven. Están tan maltratadas que pierden la capacidad de mirarse a través de su propio sentido de la vista, en vez de ello, se ven con los ojos de su maltratador.

Dañaron tanto su alma, corazón, y valía, que empezaron a vivir como esclavas sin darse cuenta cuándo empezaron a hacerlo. Cada vez duermen, hablan, sueñan y viven menos. El cerebro al igual que el resto del organismo colapsa, desencadenando trastornos (tan comunes hoy en día) como los ya mencionados anteriormente, y sólo cuando el cuerpo “reclama” se detienen a pensar en lo que les sucede, pero desde hace mucho tiempo toda su estructura interna está fracturada.

Cuando el maltratador es su pareja senti-mental se vuelve frecuente escuchar frases como: “no lo puedo dejar”, “yo no puedo vivir sin él”, “yo provoqué todo”, “él cambiará”, “sigo con él por mis hijos”, “lo merezco”, “no pienso dejarlo para otra mujer”, que no son justificaciones- como muchas personas piensan y creen-, ni las pronuncian con la idea de inspirar lástima (autoconmi-seración), es realmente lo que sienten y viven a diario.

Éste tipo de mujeres están tan minimizadas que creen que un contrato matrimonial (de cualquier índole) las “obliga” a permanecer bajo estas condiciones al lado de quien “juró” amarlas y respetarlas; llenas de esquemas culturales que han marcado ésta generación y las anteriores, donde nos enseñan que el matrimonio es para toda la vida. Que ¿hay que luchar?, realmente no entiendo cuándo la palabra “lucha” se volvió equivalente a maltrato y masoquismo, entre otras definiciones que encierran la patología que hay en la mente de un maltratador.

Para una mujer maltratada, su situación no termina cuando asiste por primera vez a una consulta de psicología o psiquiatría, de hecho, para lograr asistir a esa cita inicial libraron una lucha consigo mismas y con los demás. Entre los esquemas mentales que anteceden a una consulta están: “¿vas a ir al psicólogo?”, “el psiquiatra es para locos”, “tú puedes sola con tus problemas”, “el psiquiatra formula medicación que genera dependencia”. Así, después de librar con esto, y tomar la decisión de asistir, inicia para ellas un viaje a lo desconocido, que nosotros como terapeutas guiamos, analizando cuál sería el resultado sí hay un compromiso primero con ellas, y después con el mundo entero de continuar en terapia.

En el transcurso de cada consulta encontramos detrás de las lágrimas y del dolor, mujeres realmente fuertes, casi que inmortales, se volvieron “robles” después de vivir y escuchar tanto maltrato. Ellas están llenas de virtudes, talentos, sueños, y amor, pero su autoestima ha sido que-brada. Ésta última debe ser restaurada, ya que es la columna vertebral para la construcción de un proyecto de vida lejos del maltrato de quien las agrede.

Ir a terapia siempre va a ser ganancia, busquemos ayuda si somos víctimas de maltrato, o ayudemos a hacer conciencia sobre este tema, tal vez mañana sea nuestra hija, hermana, o amiga la afectada.

Es responsabilidad nuestra detener el maltrato y levantar una nueva generación de mujeres que dejen de ser princesas y se conviertan en valientes guerreras.

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