¿Hacia una meta del sector educativo en medio de la pandemia? por Gildardo Quevedo.

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Gildardo Quevedo. Equipo Tribuna Magisterial Meta.

Cada día que pasa, aumenta la confusión en todos los actores del sector educativo.

El Ministerio de Educación, presionado por la opinión y por sus propias políticas, inundó de contenidos a los docentes de todos los niveles y áreas del conocimiento, una muestra de, “eficiencia y calidad” en la propuesta de soluciones para una situación nueva: la virtualidad en medio del país feudal, el país real, llamado Colombia.

Son estrategias diseñadas básicamente para épocas normales, es decir, de presencialidad, que son inaplicables en una situación como esta por la carencia de conectividad.

Los profetas de la virtualidad aprovechando cada momento y cada medio de comunicación para Pontificar el advenimiento de una nueva época, una nueva escuela, sin maestros, en contravía de la experiencia universal que afianza la necesidad del docente y la importancia de la socialización en la formación del niño.

Los padres de familia experimentando en carne propia, las tareas de la educación, para la que no están preparados, ni académicamente, ni psicológicamente, en muchos casos admitiendo y valorando la importancia del papel del maestro(a) en la formación de sus hijos y en la enseñanza sistemática.

Los niños y jóvenes por su parte, sin culpa, cargando con la responsabilidad del estado, de los maestros y de los padres, que a su vez no sabemos qué hacer en medio de una virtualidad inexistente.

¿Cuál es la meta?

Imposible definir la meta para este año desde el punto de vista del avance de los contenidos, conforme al concepto tradicional de calendario académico.

Primero porque está claro que el modelo de presencialidad no se puede aplicar en una situación irregular con pandemia a bordo.

Segundo, porque el calendario académico, depende en últimas, del resultado de las políticas de atención del gobierno, al manejo de la pandemia. Este manejo va en contravía de la necesidad de aplicar los recursos del ahorro nacional, de la riqueza colectiva, a la colectividad. Más bien, decide aplicar los recursos del ahorro nacional a los bancos, a las EPS y otros malandrines. No augura buenos resultados el manejo de la pandemia.

Es un calendario académico que no se puede precisar, en los términos tradicionales y con las normas que se ha formulado, en condiciones normales, porque no se puede saber cuándo se puede retornar a la presencialidad. No se sabe, porque el país no tiene cifras serias y creíbles del manejo de la pandemia.

La Meta, para un calendario académico estandarizado con las normas aplicables a la presencialidad, no se puede establecer, sin tener claridad en el tiempo, los recursos disponibles y la aplicación real de la virtualidad en condiciones de eficiencia, en el contexto económico, cultural y tecnológico de una “escuela instalada en cada hogar”.

¿Qué hacer?

Primero debemos admitir que esta vaina no está funcionando. Todos estamos intentándolo, pero estamos fuera de la realidad, por lo tanto estamos en una simulación, adobada por órdenes del MEN, directrices de las secretarias, órdenes de los rectores y tareas imposibles para docentes, estudiantes y padres de familia, impuestas por coordinadores avezados, que están aprovechando la oportunidad para mostrar “quien manda en los colegios”.

¿Qué hacer para que no se cansen los estudiantes y padres, de esta simulación incómoda e invasiva y de pronto aumenten las deserciones, de las que nos ocuparemos más adelante?

Las evidencias

Los docentes están siendo obligados a llenar formatos con evidencias imposibles de cumplir por la falta de comunicación efectiva con los estudiantes y padres de familia. Hay evidencias que deben soportar los docentes, de tareas y actividades trazadas con tres o cuatro semanas de antelación, que los estudiantes no han podido ejecutar, por las inequidades de la virtualidad, pero el docente tiene que demostrar, con evidencias virtuales, que ha hecho seguimiento a cada uno de los niños, reportado o no reportado, las actividades diarias.

¡Para volverse locos!… aunque existen docentes que “están felices” y reportan pleno éxito de su labor en medio de la virtualidad. Los genios existen.

Por fortuna la Secretaria de Educación de Villavicencio, eliminó unos formatos que se pretendían aplicar reportando día a día, estudiante por estudiante todas las actividades, por una supuesta exigencia de la procuraduría, quien pide demostrar que los docentes están trabajando. Es la misma procuraduría que no ha movido un dedo, para exigir a MEDISALUD el cumplimiento del contrato de atención a los docentes. Una tarea más sencilla pero que exige enfrentarse con un poder económico, tarea hasta ahora incumplida, pese a 2 años de quejas tramitadas por Adem a nivel de la procuraduría nacional y regional.

Los Alcaldes en cabeza de Felipe Harman, formularon una propuesta al Ministerio, luego de hacer una lectura de las realidad de la educación virtual, concluyendo que afianza la inequidad.

Le propusieron a la Ministra modificar el calendario y aquí fue Troya!… Llovieron las críticas.

Pero hoy no existe un registro y si existe que lo publiquen, del nivel de deserción escolar que está produciendo la otra pandemia, la de la virtualidad. Hay dos formas de deserción, la de la madre de familia que retira su hijo mediante un mensaje de voz desesperada y la de los niños que no se reportan en ninguna actividad. Los que no reportan ninguna actividad en muchos grupos superan el 50%

Quizás tenían razón los Alcaldes. Estaban proponiendo adelantar otras actividades que condujeran al afianzamiento de los conocimientos, a la práctica de la lectura, las matemáticas básicas, actividades lúdicas y otras que existen a tutiplén en la experticia de los docentes. Pero los contenidos nuevos, de mayor complejidad serán viables en la actividad presencial y esta opción solo sería posible en condiciones nuevas, donde el país haya aplanado la famosa curva de contagio. Opción que no se vislumbra en el tiempo de corto plazo.

El temor de una suspensión de actividades y los consecuentes efectos en la estabilidad laboral, quedarían resueltos con la redefinición de un “calendario académico para épocas de pandemia”.

Aquí hay un debate nuevo, como es nueva, la pandemia. Debe ser un calendario académico que incluya actividades realizadas y actividades por realizar. Que incluya nuevos contenidos vinculados con la experiencia del confinamiento. Producción de textos por parte de los niños sobre su experiencia individual y familiar. Los cuidados de higiene. La economía del hogar. La interpretación de las noticias en el contexto nacional e internacional.

Darle vida a la libertad de cátedra y la autonomía escolar, pero entendida esta, como un producto de la democracia, no como la imposición de los criterios de personajes siniestros que se han empoderado en las instituciones educativas.

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