La nutrición es clave para la salud, la energía y la longevidad de perros y gatos. Elegir un alimento balanceado para la mascota no es cuestión de marca o precio, sino de conocer qué lo hace realmente adecuado para ella.
Nutrición personalizada: lo que cada mascota necesita
No todos los animales requieren la misma dieta. Factores como la especie, edad, raza, sexo, estado de salud y estilo de vida influyen directamente en sus necesidades nutricionales. Un alimento de calidad debe adaptarse a estas variables, ya que lo que es beneficioso para un cachorro activo puede ser inadecuado para un gato adulto sedentario o un perro con alguna condición médica.
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Solo al entender el perfil individual de nuestra mascota podremos elegir un alimento que realmente le brinde bienestar, energía y prevenga enfermedades a largo plazo.
Los ingredientes importan: más proteína animal, menos relleno
Un alimento balanceado de calidad debe tener ingredientes nobles, altamente digestibles y con buen valor biológico. Las proteínas de origen animal —como carne, huevo, pescado o leche— son superiores a las vegetales por su capacidad de ser aprovechadas por el organismo. También es importante el tipo de grasa, donde las de origen animal y aceites como el de pescado o linaza ofrecen mayor valor nutricional.
Además, la proporción de carbohidratos no debería exceder el 30 %, y la inclusión de fibra (remolacha, avena) mejora la digestión. La diferencia entre un alimento promedio y uno de alta gama se refleja en la capacidad real de absorción: cuánta proteína y energía del alimento queda en el cuerpo y cuánta se desecha.
Más allá de la etiqueta: digestibilidad, la clave invisible
No basta con leer la etiqueta nutricional. La digestibilidad —qué porcentaje del alimento es realmente absorbido por el cuerpo— es fundamental. Dos alimentos pueden tener el mismo contenido de proteína, pero si uno tiene mayor digestibilidad, su aporte nutricional es superior. Esto también se evidencia en las heces: alimentos con alta digestibilidad generan menos residuos, de olor moderado y más firmes.
Los concentrados “Super-Premium” superan el 80–90 % de digestibilidad, mientras que los alimentos comerciales pueden estar por debajo del 65 %. Esta diferencia impacta directamente en la salud, el pelaje, la energía y hasta en problemas como la coprofagia (comer excremento).
Normas, procesos y seguridad: lo que no se ve también cuenta
Un alimento de calidad también se distingue por cumplir normas sanitarias y de etiquetado claras, como las establecidas por la FDA (EE. UU.), ANVISA (Brasil) o la Unión Europea.
Además, el proceso de fabricación —desde la molienda hasta el envasado— debe ser higiénico y controlado. Una mala manipulación puede degradar nutrientes o contaminar el producto.
En casa, es vital conservar el alimento en un lugar fresco, seco y sin luz directa, y cerrar bien el envase tras cada uso. De nada sirve un buen concentrado si se expone a humedad o pierde sus cualidades por un mal almacenamiento.
La mejor señal: la salud visible de tu mascota
El mejor indicador de un alimento de calidad es tu mascota misma. Un pelaje brillante, heces firmes y sin mal olor, energía estable, buen peso corporal y una digestión regular son señales de que el alimento cumple su función.
También reduce riesgos de alergias, intolerancias o carencias nutricionales. Por ello, siempre es recomendable consultar al veterinario antes de cambiar la dieta, especialmente si hay condiciones médicas. Una alimentación adecuada evita la necesidad de suplementos y garantiza que tu mascota disfrute de una vida larga, activa y feliz.
/Llanoalmundo




