Durante años, el Meta ha aportado miles de votos que terminan fortaleciendo proyectos políticos ajenos al territorio. Votos que, con buena fe o por costumbre, respaldan a candidatos que no conocen la región, que no han caminado sus municipios, ni han escuchado a sus comunidades, ni entienden la complejidad social, productiva y ambiental de la Orinoquía. Muchos de ellos llegan al Senado gracias a amigos políticos, alianzas coyunturales o estructuras prestadas, pero una vez alcanzan la curul, el Meta desaparece de su agenda.
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Esta realidad ha tenido un costo alto. Proyectos estratégicos se dilatan, inversiones se fragmentan y las prioridades del departamento quedan relegadas frente a intereses externos. El problema no es la falta de votos; es la dispersión del voto. El Meta tiene un caudal electoral significativo, pero no ha logrado convertirlo en poder político sostenido bporque ese respaldo se reparte entre candidaturas que no rinden cuentas al territorio.
Por eso, hoy más que nunca, votar por candidatos regionales al Senado es una decisión estratégica, no emocional. Quienes nacen del Meta y han construido liderazgo en la región conocen las verdaderas necesidades del departamento: la conectividad vial, la defensa del campo, la seguridad rural, el fortalecimiento de la educación y la salud, el desarrollo agroindustrial y la protección de nuestros recursos naturales con visión de futuro. Ese conocimiento no se adquiere desde Bogotá; se forma en el territorio.
El Meta tiene una oportunidad histórica que no puede desaprovechar. Si los ciudadanos se unen y concentran su voto, el departamento puede elegir hasta cinco senadores propios, capaces de conformar una bancada regional fuerte y cohesionada. Una bancada que no dependa de favores, que actúe con identidad regional y que tenga la capacidad de incidir de manera real en el Congreso: defendiendo proyectos clave, gestionando recursos y ejerciendo control político en beneficio del departamento.
Una bancada del Meta no significa aislamiento; significa equilibrio y representación justa. Significa que cuando se discutan leyes, presupuestos y reformas que impactan al territorio, haya voces autorizadas que hablen con conocimiento, legitimidad y compromiso. Significa pasar de ser un departamento que presta votos a uno que decide su propio destino político.
El llamado es directo y responsable: informarse, evaluar trayectorias, exigir propuestas claras y votar con conciencia regional. El futuro del Meta no se construye con promesas lejanas, sino con liderazgo cercano. Cuando el Meta se une, el Meta pesa. Y cuando el Meta elige a los suyos, el país escucha.






