El Programa de Formación Artística y Cultural de la Corporación Cultural Municipal de Villavicencio -Corcumvi- se ha consolidado como una de las iniciativas más valiosas para el fortalecimiento del talento local y la construcción de identidad en la capital del Meta.
Bajo la dirección de Lucila Gómez Torres, este programa no solo impulsa la creatividad y el desarrollo de habilidades en niños, jóvenes y adultos, sino que también se convierte en un espacio de encuentro, expresión y crecimiento para toda la comunidad. Con una visión pedagógica incluyente y un enfoque que potencia las diversas manifestaciones culturales del territorio, la Corporación reafirma su compromiso con el arte como motor de transformación social y como elemento fundamental para el desarrollo integral de la ciudad, abriendo oportunidades para miles de niños y jóvenes en la capital del Meta.
Un programa integral que abarca música, danza y tradición
El maestro Eduardo Antonio Alzate, coordinador artístico de Corcumvi, explica que la formación que se ofrece actualmente es amplia, especializada y estructurada. El área musical, una de las más robustas, incluye iniciación musical, música tradicional llanera, guitarra, canto y el proceso completo de banda sinfónica, dividido en vientos de metal, vientos de madera, percusión y ensamble.
Además, el programa fortalece la identidad regional a través de la música llanera, ofreciendo formación en arpa, cuatro, maracas, bajo y bandola, así como clases de piano y procesos vocales. En el componente dancístico, los estudiantes pueden acceder a danza llanera, danza tradicional y danza espectáculo, ampliando las posibilidades de expresión artística y profesionalización futura.
Este abanico de opciones permite que el programa llegue a públicos muy diversos y brinde oportunidades a quienes encuentran en el arte un camino de crecimiento personal y comunitario.
Formación: la clave para preservar las tradiciones
Para el maestro Alzate, la importancia del programa radica en su capacidad para que las manifestaciones culturales perduren en el tiempo. Señala que los festivales, concursos y torneos son fundamentales como vitrinas, pero son los procesos formativos los que realmente aseguran la continuidad de la tradición.
“La única manera de que las tradiciones se mantengan es a través de la formación. Enseñarle a un chico a tocar cuatro es permitir que esa música siga viva”, enfatiza.
Su visión parte de una premisa clara: formar no solo artistas, sino ciudadanos que valoren la cultura, reconozcan su identidad y entiendan el potencial transformador de las artes.
Cobertura y alcance: una presencia activa en toda la ciudad
El impacto del programa es significativo. Gracias a convocatorias abiertas y a la gestión constante, Corcumvi atiende solicitudes de instituciones educativas, juntas de acción comunal, organizaciones sociales, fundaciones, corporaciones, el ICBF e incluso centros de reclusión.
Hoy, los procesos de formación artística están presentes en 45 puntos de Villavicencio, con cobertura en las 10 comunas y cinco de los siete corregimientos, alcanzando aproximadamente el 90% del territorio urbano y rural.
En términos de beneficiarios, el programa avanza con solidez:
- 5.100 personas hacen parte de los procesos este año.
- La meta del cuatrienio es llegar a 20.400 ciudadanos formados en artes.
El equipo humano también es robusto: 22 integrantes, entre ellos 20 docentes y dos apoyos de supervisión —Juan Camilo Gutiérrez y Armando Guzmán— que acompañan el seguimiento y fortalecimiento de los procesos.
Retos: quitarle tiempo al celular y abrir puertas a nuevas oportunidades
Uno de los mayores desafíos que enfrenta el programa es atraer y mantener la participación de niños y jóvenes. El coordinador es enfático en que el uso excesivo del celular y los videojuegos ha restado interés por las actividades en la contrajornada escolar.
“Free Fire pesa más que una guitarra… y esa es la lucha diaria: quitarle los chicos al celular”, afirma con sinceridad.
Sumado a ello, la violencia, la pobreza, las pandillas, la ludopatía y otros riesgos comunitarios hacen que los procesos culturales sean, además de espacios de aprendizaje, herramientas de prevención social.
Aun así, el maestro Alzate recalca que el propósito del programa no es convertir a todos en músicos profesionales, sino en jóvenes sensibles, disciplinados y con mejores oportunidades:
“La música abre habilidades que ellos no saben que tienen. Un muchacho que aprende a tocar un instrumento es un joven que difícilmente va a empuñar un arma.”
Incluso menciona que, en la vida militar o universitaria, los jóvenes con formación artística suelen tener más beneficios, becas y posibilidades.
Una invitación a las familias: confiar, apoyar y creer en el poder del arte
El llamado final del coordinador es directo y reflexivo. Pide a padres y cuidadores valorar el impacto de estos programas y motivar a sus hijos a participar:
“Ayúdennos a que más niños encuentren en la música y el arte un camino. Que entiendan que la cultura abre puertas y transforma vidas.”
Para Corcumvi, cada niño con una guitarra, un arpa, un instrumento o un par de cotizas es una historia menos atrapada en la violencia, y una oportunidad más para construir una ciudad con identidad, sensibilidad y esperanza.
/Llanoalmundo





