Israel anunció este 16 de marzo una nueva oleada de ataques a gran escala contra varias ciudades iraníes, en medio de la escalada militar que ya cumple más de dos semanas de enfrentamientos entre Tel Aviv, Estados Unidos y Teherán. La ofensiva se produce mientras Europa debate cómo evitar el cierre del estratégico estrecho de Ormuz y nuevos incidentes militares sacuden a la región, incluido un ataque con dron que afectó el tráfico aéreo en Dubái.
Las Fuerzas de Defensa de Israel informaron que sus cazas iniciaron bombardeos “a gran escala” contra infraestructura del régimen iraní en Teherán, Shiraz y Tabriz. La operación forma parte de la campaña militar iniciada a finales de febrero por Israel y Estados Unidos contra objetivos estratégicos en Irán, en un conflicto que se ha intensificado con ataques cruzados de misiles y drones en toda la región. Según medios internacionales, Israel prevé que las operaciones militares podrían extenderse al menos tres semanas más mientras busca degradar la capacidad militar iraní.
En paralelo, el conflicto ha comenzado a tener repercusiones regionales directas. Un dron impactó un depósito de combustible cerca del aeropuerto internacional de Dubái, provocando un incendio que obligó a suspender temporalmente las operaciones aéreas antes de reanudarse gradualmente. Este ataque se enmarca en una serie de acciones iraníes contra infraestructura en el Golfo Pérsico, mientras los combates continúan expandiéndose a otros frentes, incluido el sur de Líbano, donde el Ejército israelí anunció operaciones terrestres limitadas contra posiciones de Hezbolá.
La escalada también ha generado fuertes tensiones diplomáticas. Alemania rechazó la propuesta del expresidente estadounidense Donald Trump de involucrar a la OTAN para desbloquear el estrecho de Ormuz, ruta por donde circula cerca del 20 % del petróleo mundial. “Esta guerra no tiene nada que ver con la OTAN”, afirmó el portavoz del gobierno alemán, Stefan Kornelius. Mientras tanto, la Unión Europea debatirá posibles medidas para garantizar la seguridad de la ruta marítima, considerada clave para la estabilidad energética global.





