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jueves, agosto 28, 2025
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Opinión: Colombia entre la espada y el populismo por Darwin Castellanos

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Inicio mi primera columna en este medio, un año después de regresar de mi exilio, causado por un nefasto gobierno de izquierda. Sin embargo, al llegar a Colombia encontré un país sumido en un caos institucional, político, económico y social aún más grave que cuando me fui.

Ni en el peor de los escenarios imaginamos que el actual gobierno llegaría a ser tan caótico, aunque en Villavicencio ya habíamos vivido un preludio de lo que vendría, ejecutado por uno de sus principales alfiles políticos.

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Tal vez con cierta inocencia, miles de colombianos creyeron en el decoro que representa la figura del Presidente de la República. Y con aún más ingenuidad, muchos pensaron que Gustavo Petro respetaría esa dignidad, manteniendo las buenas costumbres y la larga tradición colombiana de preservar el equilibrio y la independencia de poderes.

Pero aquí estamos: con una inflación que aún no alcanza la meta macroeconómica del 3%; con las industrias -principales generadoras de ingresos del país-, siendo atacadas por quien debería procurar su fortalecimiento; y con el famoso “chu, chu, chu” anunciado por el presidente sobre las EPS, convertido en una crisis sanitaria de proporciones históricas, quizás la peor desde los tiempos del paupérrimo Seguro Social.

El punto más agudo, y el que me motivó a escribir esta columna, fue una escena lamentable: el Presidente desenvainando una espada mientras amenazaba, simbólicamente, a la mitad del país, acompañado por la bandera del conocido lema “Guerra a muerte”. Todo esto, mientras anunciaba una nueva consulta popular -de esas que solo sirven para lavar la cara de los políticos- esta vez con preguntas populistas y obvias al extremo. ¿Quién no quiere ganar más en su trabajo? ¿Quién no quiere los abundantes y supuestos beneficios que promete esa reforma? Seguramente todos, pero que todos lo deseemos no la hace viable.

¿Quién responde por las pequeñas y medianas empresas que podrían quebrar por no tener liquidez para asumir esos compromisos? ¿Cuánto le costará al Estado contratar bajo esos términos? ¿De dónde saldrá el dinero, en un país que cada vez tiene menos presos, gracias a la “brillantez” de un presidente que brilla por su ausencia?

Este año tendremos enormes retos como país y como región. El mayor: resistir un año más, hasta que llegue un presidente que realmente traiga recursos y desarrollo al departamento. Mientras tanto, es deber de cada llanero analizar cuidadosamente a los lobos disfrazados de ovejas que buscan perpetuar la situación actual y aferrarse al poder.

Durante un tiempo, fuimos un bastión contra las ideas regresivas de la izquierda. Y aunque por un momento el dulce discurso populista engañó a miles de metenses, hoy nuestro deber patriótico es despertar a quienes aún siguen dormidos en ese engaño y ayudar a recuperar el rumbo del país en 2026.

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