Al menos 39 personas han muerto y más de un centenar resultaron heridas tras el choque de dos trenes de alta velocidad en el municipio de Adamuz, en la provincia de Córdoba, sur de España. El siniestro, ocurrido la noche del domingo, es el accidente ferroviario más grave del país en más de una década y mantiene en vilo a las autoridades ante la posibilidad de que la cifra de víctimas aumente.
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El accidente se produjo a las 19:39 horas, cuando los tres últimos vagones de un tren de la compañía Iryo, que viajaba desde Málaga hacia Madrid con unos 300 pasajeros, descarrilaron e invadieron la vía contigua. En ese mismo momento circulaba un convoy Alvia con destino a Huelva, que también descarriló tras el impacto, provocando que varios de sus vagones cayeran por un terraplén de unos cuatro metros.
Los servicios de emergencia han atendido a al menos 112 personas, de las cuales 48 permanecen hospitalizadas, incluidos cinco menores. Once adultos y un niño continúan en unidades de cuidados intensivos. Más de 200 efectivos de rescate, entre bomberos, sanitarios y agentes de la Guardia Civil, trabajan en la zona, donde los restos retorcidos de los trenes han dificultado el acceso a los pasajeros atrapados.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, calificó el siniestro como “tremendamente extraño” y aseguró que se produjo en un tramo recto, con un tren “prácticamente nuevo” y una infraestructura renovada en 2025. Renfe descartó inicialmente un fallo humano y señaló que la investigación deberá determinar si hubo problemas en el material rodante o en la infraestructura. La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) ya asumió el caso.
La tragedia ha provocado la suspensión del tráfico de alta velocidad entre Madrid y Andalucía. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, canceló su agenda para desplazarse al lugar del accidente, mientras que el rey Felipe VI y la reina Letizia anunciaron su regreso inmediato a España para acompañar a las víctimas. España, que cuenta con la red de alta velocidad más extensa de Europa, enfrenta así uno de los episodios más dolorosos de su historia ferroviaria reciente.






